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miércoles, abril 25, 2007

Frivolizando con la crispación.

Hoy es uno de esos días en los que estás mucho más tremendista que otros y supongo que la escena televisiva que acabo de presenciar me ha disparado la susceptibilidad.

Acabo de llegar del Túnel del Perthus, ése que unirá la red de alta velocidad española con la nada, al otro lado de los Pirineos (el típico desdén francés, prometo explicarlo otro día) y en uno de los míticos zappings nocturnos, en la publicidad de House, una vez acabado Los Serrano, ya sabéis, el ritual de los martes...me he topado con el señor Sánchez Dragó, con una rosa amarilla en primer plano, presentando lo que él ha llamado “chascarrillo del día”.

Lo describo someramente: A Rajoy le suena el teléfono móvil en un mitin, lo mira, se gira y dice: “Es Zapatero, por lo de la crispación”. A este comentario le siguen multitud de risas de militantes asistentes al evento.

Sería gracioso, sería hasta ocurrente, si no fuese porque es tan delicado.

La crispación es un término muy popular en las filas populares (valga la redundancia). Como estrategia política fue inventada por Pedrojota, Cascos y demás aláteres, para las elecciones de 1993 donde a pesar de todo Felipe les reventó (electoralmente) contra pronóstico. Se repitió ya con más éxito en las elecciones del 1996 y ahora quieren que ésta sea su bala de plata para las de 2008.

Como en esa casa es una materia tan manida, tan traida y llevada, se puede frivolizar con ese material incendiario en un mitin. Vale para chistes, gracietas y ocurrencias. Esta actitud popular demuestra un par de cosas; la primera es que los políticos viven en un universo paralelo, donde se puede bromear con esto, donde los compañeros de trabajo no te ponen caras o te llaman de todo por atacar los motivos cínicos de las manifestaciones de la derecha (por ejemplo). Ellos viven en el mundo de la diplomacia y las formas, donde no perciben el daño que la crispación electoralmente malintencionada causa en la calle. La segunda es que la derecha ha asumido la crispación como algo habitual, como un argumento más de las campañas electorales, algo tan normal en campaña política como hacer oposición con la política antiterrorista. Como su única forma de ganar. Como la bala en la recámara que hay que utilizar para que no se les ataque de pusilánimes en ondas hercianas episcopales.

De estas dos cosas, si la primera es grave, la segunda es peor. Si las legislaturas que vengan tienen que ser ya obligatoriamente como esta última, llena de mierda vertida por la oposición a sabiendas de ser disparates, de manifestaciones absurdas, ridículas y sin sentido, de una serie de medios de comunicación y estamentos públicos y religiosos atacando insistentemente a todo lo que se mueva que no sea ultraderecha, si las próximas legislaturas en las que no gobierne la derecha van a estar infectadas de “banderas del pollo” como esta, quizá sea mejor borrarse de este sistema. Eso o esperar que ellos decidan borrarlo como ya hicieron una vez si esto de la crispación se les escapa un poco de las manos.

Crispar por crispar, crispar al cuadrado.