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viernes, marzo 09, 2007

100 interrupciones y una política equivocada.

La democracia tiene a veces ciertos momentos que la sanean. Las sesiones de control al Gobierno son uno de esos mecanismos. Las dos cámaras de representantes son los pulmones del sistema y que los miembros del Gobierno se sometan a las preguntas de la oposición y que el pueblo conozca gracias a los periodistas las ideas de sus representantes es el vital oxígeno que necesitan.

Ahora voy a dar un bandazo y a recordar esas bonitas imágenes de los “zappings” donde al parlamentario de turno le asaltan otros compañeros y se lía la de “San Quintín” como si fuese un partido de baloncesto griego... vuelan sillas, golpes, vasos de agua, pelucas...eso, de momento, sólo pasa en el parlamento de Taiwán, a veces en Rusia... pero nunca lo veremos en la Cámara de los Lords o en el Reichstag. Cada país tiene su democracia.

Nuestro sistema se pone a su altura en momentos determinados, aunque sin llegar a los extremos que citaba, sólo eso faltaba.

En el Senado, la sesión de control de esta semana, se convirtió en la viva imagen de lo que es la democracia española. Se batió un record. Los cronistas contaron hasta 100 interrupciones al Presidente del Gobierno. Hubo abucheos, insultos, pataleos, silbidos... Personalmente, me da vergüenza ajena. Estamos acostumbrados pero creo que contra la vergüenza no hay vacuna. Ver a los responsables de conducir los designios del país comportándose como si estuviesen en el Fondo Sur del Bernabeu, me apena. Pero igual de vergüenza me produce el halago gratuito, el aplauso fácil al dictado del portavoz del turno. Ciñéndome al caso, en lo referente al pasado miércoles, si algo no entiendo es el halago a una política equivocada de reproches a anteriores legislaturas. Ayer un compañero al que no le interesa en absoluto la política me contestaba a un envío al respecto, que le importa “una mierda” si otros Gobiernos lo habían hecho mal y habían puesto a etarras en la calle, que lo que le importa es que éste les esté atenuando condenas, tan mal está una cosa como la anterior, decía.

Voy a poner la frase en positivo y a desvalijarla de opinión; lo que nos debe importar es si lo que hace este Gobierno es lo mejor para nuestra sociedad. Ahí podemos disentir como llevamos haciéndolo con más fervor de la cuenta las últimas semanas, pero me parece un error mayúsculo escudar la explicación de una decisión tomada bajo la responsabilidad de gobernar en decisiones pasadas.

Si un ejecutivo está convencido de una decisión, tomada legalmente y libremente, lo que debe hacer es poner las razones de esa decisión en conocimiento de la ciudadanía. Los razonamientos del “y tú más” y del “si eso lo hacemos nosotros” son de taberna. Son de gente de escasos argumentos. Estos datos, que los ciudadanos conocen perfectamente, deben ser un simple apoyo, pero nunca un discurso político debe estar basado en la política de otros. Eso descataloga como político de primera línea.

¿Que hay que hacer entonces? Hay que razonar, exponer y decir con la verdad por bandera por qué se toman las decisiones políticas. Es entonces cuando tus correligionarios se levantarán y ante contundentes motivos sonará una atronadora, sincera y merecida ovación. Los otros se diga lo se que diga abuchearán del mismo modo.