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martes, julio 08, 2008

Ocasiones perdidas. (¡Cuán malo es el triunfalismo!)

Sólo han pasado un puñado de horas tras la clausura del Congreso del PSOE, el trigésimo séptimo para ser más exacto, cuando hay algo que me chirría de su temática.

Voy a pedir a cada uno de vosotros que hagáis un pequeño ejercicio de memoria y anotéis en un papel a la derecha del ordenador los tres temas más destacados del Congreso, los que más os suenen, los que más hayan salido en los medios, y a la izquierda los problemas que más inquietan a la ciudadanía. Ahí os dejo escoger, puede ser a la ciudadanía en general o a la de izquierdas en particular. Ahora juntad los papeles.

¿No sería deseable que al menos alguno de los términos se repitiesen en ambos? Pues me temo que no se da el caso, ¿no?. (Animo a escribir un comentario de reprobación al que me diga que alguno coincidía)...

Bien, vayamos a la que me parece más sangrante de las divergencias. Yo no he estado en el Congreso, no lo he seguido íntegramente, es obligado admitirlo a priori, ahora bien, no he visto en los medios (ni en mi papel de la derecha) ningún gran titular sobre lo que el aparato del partido piensa de cómo debe ser el desarrollo económico en tiempos de crisis en un país desarrollado, europeo. mediterráneo y pegado a Portugal.

¿No ha perdido el partido una gran oportunidad de mostrar al ciudadano y a los medios las ideas económicas del partido en tiempos de desaceleración? ¿Qué tal un productivo debate de ideas , sobre la dependencia energética, sobre la conveniencia de la obra pública o sobre la evolución de los salarios en tiempos de “vacas flacas”? ¿Qué tal unas ponencias de los expertos del partido, en “prime time” mediático, sobre economía?. Igual algo de esto hubo, no digo que no, pero no lo suficiente para calar, como para demostrar la preocupación, esa que tú y yo tenemos. ¿Qué tal venderlo a la ciudadanía como un tema estrella? ¿Cómo un tema que preocupa al partido del Gobierno?

Quizá este Congreso ha sido una gran oportunidad perdida para demostrar a los votantes y a los no votantes, que en el partido hay un caldo de cultivo que hace emerger ideas productivas para los trabajadores. Que hay tierra fértil donde pueden germinar en bruto las ideas que el Gobierno debe acabar podando.

En cambio, como todos los partidos, el Congreso no fue mucho más allá de un baile de nombres y cargos, de aplausos y saludos, de triunfalismo y “ombliguismo” (dícese de la conducta reiterada de no levantar la mirada de la cicatriz natal). Quizá ese no sea el camino en tiempos de bonanza electoral.

Y vendrá el próximo Congreso y en su agenda habrá guiños al sol, otro baile de nombres y otra puerta abierta al panegírico. ¿Será otra oportunidad perdida? ¿Será lo que el ciudadano quiere? Esperemos que cuando leáis esa próxima agenda, en vuestro papel de la izquierda no haya nada de economía. Sería el menor de los males.