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lunes, julio 09, 2007

Me duele la izquierda asturiana.

Cuando un creyente en las ideologías como yo presencia algo como el esperpento de Leganés, no tiene otra que llevarse las manos a la cabeza. No se alcanza a comprender como el mundo político actual permite con mayor facilidad “pactos trasversales” entre fuerzas políticas de distinto signo, que acuerdos entre la izquierda (sobre todo en plazas eminentemente de izquierdas) para llegar a pactos programáticos.

Dejando de lado lo de Leganés, más me sorprende lo que pasa en Asturies. Curioso es que un gobierno de izquierdas tenga que gobernar en minoría porque el PSA e Izquierda Unida de Asturies no sean capaces de llegar a un acuerdo programático y de Gobierno para los próximos cuatro años. ¡Qué difícil de entender y de explicar para el ciudadano de a pie!

Pero es que lo de la izquierda asturiana es de traca. Atrás dejo el incidente de los partidos que se disputaban la escasa representación en el Consistorio de mi ciudad natal que de bochornoso terminó llegando a las manos. Os cuento no escaso de vergüenza: En Uvieu el PCA e IU libraron durante semanas una dura batalla por la sede de la plaza de América que terminó en un “cruento combate”, no por lo sangriento sino por lo humillante. Mientras el alcalde sempiterno de la ciudad (padre supremo del populismo derechil y enterrador en vida del Real Oviedo) y todos sus aláteres se carcajean desde sus concejalías por la incapacidad de la izquierda de aunar sus esfuerzos.

Y hay más. Discusiones sobre inmigración, sobre las ayudas a la minería y más de traca es su incapacidad para hacer del Asturianu una “llingua oficial” a la altura de otras lenguas mucho menos compartidas como el valenciano o el balear. Lo de las minorías lingüísticas es un caso aparte y además un artículo que tengo prometido a mi “collaciu” Alberto, es sorprendente. Dentro de una región en la que se habla y se defiende por una abrumadora mayoría el Asturianu, no se alcanza a comprender que se convierta en el insalvable caballo de batalla entre la izquierda a la búsqueda de un pacto de gobernabilidad.

Pero voy a quitarme la venda y reflexionar sobre la realidad del no-acuerdo. Las cuotas de poder y no los programas, ni el Asturianu, ni los mineros, ni la inmigración es lo que separa a la izquierda astur. En el momento en que las fuerzas minoritarias no saben asumir su rol como tal, es el momento en el que la ideología pasa a un segundo plano.

Acabo con un deseo, como si fuese mi cumpleaños (siendo, por cierto, mañana el de mi madre): Igual que pasó en Leganés que pase en la Junta General del Principado, que el sentido común aborde por sorpresa a los políticos a pesar de las insalvables barreras apriorísticas.

viernes, marzo 23, 2007

Esperpento Navarro.

Para el análisis de la manifestación del sábado pasado he necesitado cerca de una semana. Aún me froto los ojos junto a lo más “sensato” y coherente de la sociedad española después de ver a los carlistas (que todavía existen) manifestándose contra la entrega de Navarra a Euskadi.

Seguramente no entenderéis el motivo. Creo que nadie lo sabe, ya que ningún agente político ha dicho que Navarra vaya a ser anexionada por la comunidad vasca. Sólo lo saben Federico, Pedrojota y Acebes y son ellos los que se lo están contando al vulgo. Es un secreto que han descubierto y que han compartido con la falange y los carlistas y por eso todos ellos se manifiestan juntos en amor y compaña. La convocatoria fue un gran evento, acudió hasta la centrista Esperanza Aguirre, preocupada a 400 kilómetros de distancia por la inminente anexión de Navarra a Euskalherria.

Ironías al margen, la manifestación y su parafernalia, incluida la cobertura de nuestra Telemadrid, es el colmo de la infamia. No sé si definirla como una “manifestación preventiva” o una “manifestación fantasma”. Al final creo que la definiré como una ocurrencia electoralista que se apareció en la mente del presidente navarro para demostrarle a todo su pueblo que será la Agustina de Aragón de Navarra. Realmente UPN sólo tenía como objetivo fidelizar a lo más rancio y más movilizable de la derecha navarra (además de carlistas y falangistas) y salir un poco en la tele. (¡Que malo es para un político pasar desapercibido!).

Supongo que el sentido del ridículo de los que estuvieron en la manifestación del pasado sábado habrá estado muy activo durante toda la semana. La perspectiva del tiempo pasado, una semana, debe haber hecho sentirse abochornados a los que se manifestaron contra la anexión. La guinda del cinismo sería que dentro de unos años (cuando Navarra siga siendo Navarra, salvo que los propios navarros deseen el cambio) afirmar que gracias a esa manifestación se salvó la autonomía de la Comunidad Foral. No me extrañaría nada.

Personalmente, me da bastante igual si Navarra es Euskadi, se une a Francia o la anexiona Aragón o Andorra. Lo que sí me gusta es que las cosas estén como están ahora, es decir, como los navarros quieran. Ellos también tienen el poder de la Autodeterminación, cada cuatro años ,como los vascos. A nadie se le olvide que entre las preferencias de los navarros están aquellos que votan a partidos anexionistas en ayuntamientos del oeste de la Comunidad Foral. Quizá sea ese el miedo que ha actuado como espoleta para la convocatoria de la manifestación, el miedo a que los navarros decidan contra el PP.

La manifestación se descataloga por sí misma, el motivo, los lemas, las compañías... A mi me llenaría de vergüenza. Habiéndonos tomado una semana para coger perspectiva la sensación aumenta por momentos. El resto de grupos parlamentarios deberían organizar una contra el “bombardeo kosovar sobre Getafe”. Para empatar a ridículos.